…y seguimos para bingo!!!
Voy a tener que hacérmelo mirar. Sigo llegando tarde, cosa que, para mí, que suelo presumir de puntual, es algo que me hace cuestionarme mis propios principios.

Tampoco es que me importe en exceso. Actualmente, mis principios son como los de Groucho Marx en la escena de la cena de Una noche en la ópera: «Estos son mis principios. Si no le gustan, tengo otros».
Estoy bastante harto de todas estas idas y venidas. Es jodidamente doloroso comprobar cómo la gente te utiliza y, un rato después, te pasa por encima. O, al menos, eso cree.

Debe de ser que hay gente que utiliza dos cerebros y yo todavía no me he dado cuenta. Al final, lo peor de todo es la cara de gilipollas que se te queda cuando intentas comprender qué ha pasado y no encuentras una respuesta clara.
Y, claro está, cuando das la callada por respuesta o decides enfrentarte a ellos, entonces es todavía peor. Porque ahora sí que eres un verdadero gilipollas de libro, simplemente por atreverte a cuestionar lo que el mundo a tu alrededor hace y deshace a su antojo.
Por eso no es de extrañar que siga añorando a mi pequeñín, mi ser de luz, mi ángel de cuatro patas. El único ser al que, incluso estando conmigo, se le veía feliz. Pobre inconsciente.
Te quiero, mi niño. Y aunque llegue tarde otra vez, te sigo llevando en mi corazón y en mi alma. Sigo aferrándome a tu luz para encontrar la fuerza de seguir adelante.