…hay días que vuelven!!!

Veinte añitos hubiera cumplido hoy mi adolescente precioso, veinte años que me hubiera gustado celebrar con el, a pesar de saber que la naturaleza juega al escondite con los sentimientos, no quita que el deseo este mas por encima de todo ello y vale, ella gana siempre, para lo cual desarrollamos la memoria, los recuerdos y el cariño infinito.
Con la edad tendemos a refugiarnos o mejor dicho a rodearnos de cosas que nos hagan sentir bien, a pesar de las ausencias conseguimos seguir adelante porque la fuerza de la emoción y de los recuerdos suelen sobrepasar las acciones diarias. Llevo ya quizás mucho tiempo haciendo de la memoria mi refugio soñado, en el que están como en una habitación muy alegre todas aquellas cosas que ponen una sonrisa en mi cara.

Y es curioso como las cosas generalmente no vienen solas, hoy mis recuerdos viajan a la época con mi chiquitín, que aunque entonces, como siempre uno no es consciente, fue la mejor de mi vida, y es posible que gracias a eso pueda seguir recordándolo como si realmente estuviera a mi lado, pero además acontecimientos recientes confirman mi fe de vida, cosas que siempre he creído y que por fin se confirmaron y que me permiten de una vez cerrar un toxico y maldito circulo vital. Este apunte solo tiene la intención de tenerlo reflejado para que no se me olvide nunca.

Desde el día que mi pequeño entró en mi vida algo muy grande se despertó en mi alma, tan grande que aun sigue palpitando y sonriendo incluso en ahora veinte años después. Mi pequeñín mi juguete, muchísimas felicidades, te quiero te queremos, ahora y veinte mil años que pasen.