No hay medicina que cure lo que no cura la felicidad.
García Márquez no andaba exento de razón. Tras unos días luchando contra si mismo, contra su corazoncito que se rebelaba contra el, logramos dar con la tecla y poner las cosas en sus sitio, vuelve a ser el chico feliz, juguetón y animoso que ha sido siempre, y derrocha su alegria a cada pasito que da.
