Madrid es una excusa para contar historias.
Con esta frase de Francisco Umbral, se resume las ideas que brotan en la cabeza, cuando paseas por la capital.
Y es que, es verdad aquello que en Madrid no hay extanjeros, y que despues de cinco minutos ya eres un madrileño mas. Y máxime cuando lejos de los ruidosos focos turísticos, te dedicas a pasear por las entrañas de sus castizos barrios.
Recuerdos de una juventud ya lejana, pero que despierta en cada esquina anteriores vivencias juveniles.
Madrid, la ciudad a la que siempre vuelvo, la que nunca olvido y la que llevo en mi alma como una parte, una de las mas importantes del baul de mi memoria.
Hay tantos Madrid, como cada uno quiera imaginar, y hoy a océanos de tiempo de mi estudiantil juventud, recorro sus calles de hoy orientado por los designios de mis recuerdos.
Mucho ha cambiado, como mucho he cambiado yo, y me sigue emocionando recorrer sus calles y entrar en los locales que aun hoy perviven a lo largo del tiempo.
Madrid, que ciudad, para aquellos que han viajado, pocas ciudades del mundo se le comparan, y es que aunque no seas de Madrid, Madrid te siente propio.







